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viernes, 18 de mayo de 2012

El misterioso contacto (II)

- Hola una vez más, ¿cómo estás?
- Bien, gracias...matando el tiempo como siempre, sabes que mi vida es algo rutinaria. ¿Y tú?
- Pues...ya ves, justo ahora acabo de llegar del trabajo. Venía pensando en ti, lo admito...jajaja...me apetecía bastante hablar contigo.
- ¿En serio? ¡Vaya! Lo tomaré como un cumplido, eso significa que no te caigo mal del todo, ¿no?...jajaja
- No, nada mal.
- Bueno, ¿y qué te ocupaba la cabeza?
- Pues, verás...mmm...venía pensando en que, en realida, no sé mucho sobre ti. Nunca me has dicho de dónde eres ni qué edad tienes, desconozco tu estado civil y en qué trabajas...
...
¿Estás?
...
- Sí, perdona. Es solo que me sorprendió que, a estas alturas, me preguntes todo eso. Supongo que estás en tu derecho. A fin de cuentas, yo siempre he preguntado y obtenido respuestas.
¿Cómo te ha ido el día?
- ¡Oh, vamos ya! Yo pregunté en primer lugar, ¿no? No puedes escudarte siempre tras tu nick...
- Está bien, tú ganas... Me llamo (escribió su nombre en la pantalla), soy de un pueblo del sur, no sé si lo conoces, en la provincia de Huelva...bueno, no importa, es un lugar muy pequeño; cuando viví en él, solo tenía 137 habitantes.
- Entonces, ¿ya no vives en Huelva?...
- No. Ahora vivo en otro sitio...
-¿Dónde?
- Pues...¡qué más da! En otro sitio...
- ¿No me lo dirás?
- No sé.
- Está bien. ¿Y qué edad tienes? No quiero pensar que he estado hablando con alguien mucho menor o mayor que yo...jajajaja...aunque me caes bien.
- Tengo 17 años.
- ¡Anda ya! Pareces mucho mayor, no hablas como el resto del mundo. Me estás mintiendo...
- ¡No! Te juro que es cierto...
- mmmm...oye, ¿y a qué te dedicas?
- Recuerdo que me dedicaba a estudiar.
¿Recuerdas? ¿Te dedicabas?...jajajaja...cada día hablas de un modo más raro y enigmático...
- Sí, bueno...tengo que irme...
- ¿Ya? ¡Qué pronto! Con lo bien que lo estaba yo pasando ahora que empiezo a saber algo de ti.
- ¿Qué? ¿En serio no sabías nada de mí hasta ahora?¿No lees los periódicos?
- ¿Los periódicos?¿Acaso eres célebre?...jajajaja...dudo que un personaje célebre pase por estos mundos donde se compra y se vende hasta el dolor de muelas.
- Me voy...nunca me habían tratado con tanta falta de respeto...ni siquiera aquella vez...

Si hubiera mirado los diarios antes, si no hubiera malgastado sus horas frente a una pantalla vacía de vida, vacía de miradas, habría sabido mucho antes la noticia.
Aquella persona, fallecida a manos de uno de esos tipos que pervierten menores, llevaba más de veinte años de sala en sala, de chat en chat. Sombra de otro mundo en busca de falsos amigos...

sábado, 19 de noviembre de 2011

El payaso Taso

El payaso Taso es amigo de los niños. Eso lo sabe todo aquel haya oído hablar de él alguna vez o lo haya visto. A decir verdad, el payaso Taso es amigo de todo el mundo; tanto de niños como de adultos.
El payaso Taso es un personaje querido por todos: grandes y pequeños, niños y niñas, ancianos y ancianas… incluso por esas señoras que no devuelven la pelota a los chicos cuando, en un momento de euforia y por descuido, el infantil objeto de entretenimiento alcanza un patio o un balcón Incluso esas señoras que parecen tener el alma más seca y arrugada que la piel, dejan caer alguna lágrima de alegría o tristeza al ver actuar al payaso Taso.
¡Imaginaos el cuadro cuando el cómico hace su aparición! Sale al improvisado escenario con su largo gorro picudo y su traje bombacho. Alrededor del cuello, unos volantes antaño blancos parecen resaltar su rostro pintado. En sus ojos lleva dos rombos, uno azul y otro verde, como los colores de la naturaleza, a la que ama tanto como a su público. Un enorme óvalo rojo circunda su boca y, cuando ríe, es como si su sonrisa envolviera toda su cabeza. La nariz es redonda y amarilla, a juego con el color de su holgado vestido. Dicen que el amarillo trae mala suerte sobre el escenario, pero eso no preocupa al payaso Taso, quien afirma una y otra vez que sólo de nuestro carácter depende nuestro porvenir.
No obstante, es muy supersticioso a la hora de calzar, por lo que siempre viste sus enormes zapatones de más de un metro, esos que un día lucieran lustrosos un bello color blanco, y que hoy no son más que un puñado de remiendos mal hechos. Pues de esta guisa se presenta siempre nuestro artista y, llueva o nieve, lleva a cabo su hermoso espectáculo.
Y os puedo asegurar que su espectáculo es poco convencional, ya que el payaso Taso no emite ni un solo sonido, y su actuación se basa en su expresión, en los movimientos de su cuerpo, elegidos cuidadosamente uno a uno para despertar las emociones dormidas de quien, normalmente, no tiene tiempo para el arte ni para los sentimientos.
Ahora corre hacia aquí… ahora corre hacia allá… aquí salta y allá hace una pirueta con cara de preocupación, pues es grave que caiga alguna de las bolas con las que hace malabares. ¡Ay, qué gran artista es el payaso Taso!
No hay nadie en este mundo, por grande o chico que sea, que no haya visto algún viaje al interior del corazón con el payaso. ¡Míralo, míralo!... jajaja… ¡cómo corre de un lado a otro, ora saltando y riendo como un loco, ora danzando tristemente al tiempo que llora como una de esas magdalenas tan esponjosas! ¡Ay, qué gran artista es el payaso Taso!
Míralo ahí, quieto, bien firme para su próximo truco. Ahora salta y se agacha. ¡Ha sacado una paloma de sus bombachos pantalones! El público ríe, aplaude alegre. Todos olvidan las penas con el payaso Taso. ¡Míralo ahora!... jajaja… ¡se ha caído y se levanta de un salto para llegar a las estrellas!... jajaja… ¡sube al monociclo! ¡Ay, qué gran artista es el payaso Taso! ¡Míralo otra vez!... jajaja…
La tarde cae. El espectáculo ha terminado y los niños vuelven a casa pues mañana los espera una larga jornada de colegio. Volverán a los números, a las letras, a repasar la historia de los grandes hombres del pasado; pero jamás olvidarán esta tarde con el payaso Taso. También los adultos se recogen. Al día siguiente deben cumplir con el jefe. Ellos tienen responsabilidades.
El payaso Taso también vuelve a casa. Él no tiene nada que ver con letras ni números, ni con las historias de grandes hombres del pasado. Y en la soledad de su mísera habitación, despreciado por hombres serios que lo usan como ejemplo para niños que no quieren ir a la escuela, el payaso Taso… bueno, el hombre, sin su ridículo maquillaje ni sus enormes zapatones, sin su bombacho traje ni fuerzas para seguir saltando, Ramón Torcuato, el desconocido para todos, se prepara para afrontar la mayor de las responsabilidades: alegrar el corazón de grandes y pequeños, y recordar, a través de las emociones que provocan risas y lágrimas, que somos, por encima de todo, seres humanos.
¡Un aplauso para el payaso Taso! Y una sonrisa de agradecimiento para Ramón Torcuato.

sábado, 12 de febrero de 2011

El desfile de los juguetes

La noche trae consigo el silencio para muchos. La noche trae consigo la oscuridad para muchos. La noche trae paz y calma a los cuerpos y las mentes agotados de los niños, pero no trae el silencio, ni la oscuridad ni la calma a sus dormitorios.

Cada noche, cuando los más pequeños se van a dormir, una corneta da la señal para que lo inerte cobre vida.
De los estantes y baúles, los muñecos y muñecas organizan la marcha triunfal, sus particulares juegos, su fiesta a la vida.

Un ratón a pilas enarbola la bandera de los juguetes. Comienza el desfile. Lo siguen los valientes soldaditos, ya sean de plástico o de plomo, con sus casacas de colores y sus fusiles al hombro. Las bailarinas danzan detrás, disipando la seriedad marcial de los soldaditos. Los peluches, especialmente los osos, se yerguen sobre sus patas traseras y ejecutan, con paso firme, danzas rusas que lo llenan todo de energía. Los monos, los payasos y las pelotas lo cubren todo de colores estridentes y de música animada. Todo parece un verdadero circo, el circo de los juguetes.
Las marionetas y los autómatas cierran la marcha al son de los platillos y tambores de los payasos. Con sus extremidades articuladas danzan, y dejan oír los chasquidos que sus articulaciones provocan al moverse con tanto brío.

La alegre procesión cruza bajo la cama, que hace las veces de arco del triunfo. Los niños, a menudo, se mueven en sus camas y asustan a los juguetes, pero rápidamente vuelven a inundarlo todo de risas y alegría con sus jolgorios.

A las danzas y a la música se le suman los juegos: las marionetas interpretan excelentes piezas de teatro que han aprendido esa misma tarde y, con ellas, hacen reír a los demás juguetes; los soldaditos se enfrentan en colosales batallas que, en ocasiones, atemorizan a los presentes, pues son tan reales que todos temen que alguien pueda resultar herido; pero, sin duda, lo mejor llega cuando, tras la batalla, soldaditos y bailarinas bailan sones de salón. En un momento dado, los payasos elevan su particular carpa circense, y los peluches actúan como las fieras domadas para entretener a un público que se deshace ya en carcajadas.

La fiesta continuará aún varias horas, hasta que el alba comience a despuntar. Cuando los primeros rayos del sol bañen la tierra desde el horizonte, cada juguete volverá a su puesto. Cuando los más pequeños despierten, no descubrirán nada nuevo, todo seguirá como siempre, y crecerán inmersos en la rutina de la vida. Cuando esos niños sean adultos, no se darán cuenta del milagro de estar vivos.
Los juguetes, sin embargo, seguirán celebrando cada noche que tienen movimiento, que aunque no tienen corazón, sí tienen sentimientos.
Las risas y la música continuarán inundando de alegría cada dormitorio cuando los niños y niñas del mundo descansen en sus camas.

viernes, 14 de enero de 2011

Duermevela

Duermevela es un ser fantástico. Duermevela vive debajo de las camas de los niños y niñas de todo el mundo, así que lo mismo da dormir en España que en Japón, en Turquía que en Zimbabwe, pues Duermevela no conoce fronteras.

Duermevela tiene la estatura de un niño de tres años, pero la fuerza y la astucia de un adulto. En realidad, nadie sabría decir a ciencia cierta qué aspecto tiene, ya que nunca nadie ha conseguido verlo sin que haya sufrido el más terrible de los espantos y, en consecuencia, haya perdido la memoria.
Se dice de él que su mirada traviesa despierta desasosiego, y que su risa provoca escalofríos a quienes no le guardan ningún respeto.

Duermevela no tiene familia. Recorre el mundo haciendo travesuras resguardado por la oscuridad de las habitaciones infantiles. Entra en los dormitorios antes de que los más pequeños de la casa se vayan a dormir, y cuando sus padres se despiden de ellos hasta la mañana siguiente, Duermevela sale de su escondite para jugar con los sueños de los pobres infelices que tratan de pegar ojo.

Lo primero que puedes sentir es un frío qe te cala los huesos. Se debe a que Duermevela adora retirar las mantas y sábanas que cubren a los niños en sus cálidas camas. A veces sopla en la nuca o silba alegremente junto al oído de algún despreocupado que no se entera de nada. Otras veces, se acerca a los pies de la cama y, descubriendo los pies de sus pequeñas víctimas, juega con los deditos o acaricia la planta hasta que el niño está a punto de despertar.

Duermevela es amigo de Insomnio y Sonámbulo, y juntos hacen de las suyas a cuantos pobres infantes, ignorantes de los peligros que trae la oscuridad, tratan de adentrarse en el hermoso mundo de los sueños.
Ellos son los encargados de traer las pesadillas a los niños y provocar sus continuos desvelos nocturnos. Su mayor diversión es causar trastornos en el sueño de quienes han vivido un largo y agotador día de colegio y juegos en el parque.

Duermevela es un ser fantástico. Duermevela vive debajo de las camas y se alimenta del pánico de los más pequeños. Duermevela no es malvado, nunca haría daño más allá de los límites del sueño. Duermevela no odia a los niños, pero si alguna vez os encontráis con él, de nada servirán las súplicas y suspiros…